miércoles, 3 de junio de 2015

clase de huerta organica-PROYECTO IDENTIDAD

















ACTIVIDADES CON LA INGENIERA AGRONOMA VERONICA

el suelo de nuestra huerta

Beneficios de Plantar Flores y Hierbas en su Huerta

No hay ninguna regla que diga que las verduras y las flores no se pueden mezclar. De hecho, la huerta se beneficiará enormemente de la adición de algunas flores y hierbas. No es sólo la estética que hacen que las flores y las hierbas sean bienvenidas, pero también ofrece varios beneficiosos que pueden proteger sus verduras de plagas de insectos e incluso hacerlos más productivos.
Beneficios de sembrar flores y hierbas en su huerta

Atrae a los polinizadores

Las verduras no siempre tienen las flores más llamativas. Para asegurarse de que las abejas y otros insectos polinizadores pueden encontrar sus plantas de vegetales, intercale flores entre las plantas con altas concentraciones de néctar y en tonos de azul, amarillo o blanco. Algunas opciones son: cosmos, espuela de caballero, mentas, girasoles, guisantes de olor y zinnias.

Atrae a los insectos beneficiosos

Hay insectos que son benéficos para su jardín, como mariquitas, crisopas, avispas parásitas y los escarabajos de tierra. Al igual que con cualquier otro insecto, los insectos benéficos tienen ciertas preferencias en las plantas. Plante sus favoritos y finalmente tendrá insectos patrullando su huerta. El perejil, eneldo, cilantro y flores de la familia aster son especialmente buenas para atraer a los insectos beneficiosos.

Repele Jardín de plagas Insectos

Puede usar estas flores y/o hierbas como plaguicidas en su huerta.
  • El hisopo de anís repele las polillas de la col
  • La borraja repele los gusanos del tomate
  • La hierba gatera repele áfidos, escarabajos de la patata y calabaza
  • Los geranios repelen los escarabajos japoneses
  • Las maravillas repelen los escarabajos de los espárragos
  • La salvia repele polillas de la col y la mosca de la zanahoria

Cultivo de trampas

Si no puede repeler una plaga, tenga una planta como sacrificio. Esto se logra a menudo con otro cultivo de vegetales, como rodear la col con un cultivo trampa de berza para para atraer las polillas de la col. La plaga de insectos se congregan en el cultivo trampa, que finalmente se saca y bota. El más famoso de los cultivos trampa es, probablemente, el uso de las capuchinas para atraer a los áfidos.

Biodiversidad

En definitiva, toda esta intercalación está dando lugar a un concepto de jardinería muy antiguo de biodiversidad, y plantar una gran variedad de cosas en lugar de una sola, con el fin de confundir las plagas de insectos intercalando cosas que aman con las cosas que no van a tocar.
Intercalar verduras, hierbas y flores además de todos los beneficios mencionados anteriormente, le dará más tiempo y espacio, y podría ser la respuesta a su dilema de jardinería.
También vea: Hierbas Como Plantas Compañeras


martes, 2 de junio de 2015

Cielito-Artigas

José Artigas,
Letra y música de Aníbal Sampayo.
Acompañamiento de los Montaraces, grupo de músicos oriundos de Paysandú.
Año 1982.
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Sabes qué es un cielito?

¿Conoces al poeta que desarrolló la línea gauchesca de la literatura?
 
 

Artigas

Artigas, el héroe de mi país!!! 
Cuantas veces a lo largo de nuestra vida nos hemos encontrado con frases como la que encabeza este artículo,
“  
 Artigas el Héroe de mi país, gran frase emitida hasta el cansancio formando parte de una publicidad deCanarias. Pero no solo hemos sentido la presencia de artigas en la publicidad desde la escuela convivimos conél. Cuantas veces nos vimos repitiendo frases como: prócer, héroe, padre de la patria; cuantas veces hemos ynos han hecho reproducir ese gran glosario patriótico, mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra
 presencia soberana” “sean los orientales tan ilustrados como valientes””los más infelices se
rán los más privilegiados” 
Quién no conoce su rostro, quién no reconoce su nariz aguileña, su jopo bien peinado, supostura firme, su semblante de superhéroe. Pero de qué hablamos cuando hablamos de artigas?, quien fue?como era?, cuales fueron sus ideas?Hoy lo que tenemos son nada más y nada menos que reconstrucciones de nuestro Procer. ¿Qué sería unareconstrucción? para este ejemplo y siendo poco riguroso podría decir que una reconstrucción, en este casohistórica, es una construcción de una imagen, tanto gráfica como ideológica, con un sentido que escompartido en un tiempo histórico determinado, siempre desde un presente proyectada hacia el pasado deacuerdo con determinados fines.Pensemos un poco, ¿Cuál es una de las principales imágenes que tenemos de Artigas? Seguramente visualiceal Artigas de brazos cruzados, delante de la puerta de la Ciudadela, con una estampa impecable, un uniformeperfecto, un rostro serio, duro, firme; esa representación mental forma parte de una imagen que nostrasciende como individuo, forma parte de una imagen colectiva, de un sentido socialmente compartido. Peroal analizar la imagen, al contextualizarla nos encontramos con varios elementos a tener en cuenta. Lo primeroque se puede concluir que es un claro ejemplo de una reconstrucción en los términos que definimosanteriormente. Contextualicemos, Artigas cuando joven, hijo de una de las familias patricias del Montevideodel siglo XVIII, se va de Montevideo hacia la chacra familiar en los alrededores del arroyo Carrasco y otraspropiedades familiares a lo largo y ancho del país, desde ese momento nunca más volvió a la Ciudadela,primer clave a estudiar. Cuando los ejércitos orientales toman finalmente en 1815 posesión de Montevideo, élse rehusó a abandonar el cuartel de Purificación y volver a la ciudad y mucho menos establecer su cuartel demandos aquí motivado por varios factores pero uno de los principales fue su enfrentamiento con lasprincipales figuras que ejercían el poder en Montevideo , fue un lugarteniente suyo, Otorgués, quien será elencargado de administrar la ciudad y ejercer como gobernador, un segundo elemento discordante con laimagen mencionada. Es aquí en donde debemos centrar el análisis acerca de la configuración de la identidadnacional; por que? La identidad colectiva siempre es más o menos artificiosa, digo artificiosa por variosmotivos; 1- es creada desde un presente, que intenta modificar un pasado según las necesidades de esepresente, el Uruguay necesitaba una persona de cutis blanco, con rasgos civilizados”
con fuertes rasgosmilitares (fue encargada a Blanes durante el gobierno militarista de Santos), nunca podía ser el héroe fundadorde la nación una persona común, un líder popular, un matrero más de la campaña, tenía que ser una personacivilizada, y como dice etimológicamente la palabra tiene que tener su raíz en la ciudad; 2- estasconfiguraciones de identidad son rastreables en el espacio y en el tiempo, se dan en un contexto y buscandeterminados objetivos, el Uruguay del último cuarto del siglo XIX carecía de los elementos más básicos paraconformar un estado, límites territoriales poco precisos, un pasado reciente que nos unía fuertemente a los orientales.

ARTIGAS

A don José Texto y música: Ruben Lena
Ven a ese criollo rodear, rodear, rodear...
Los paisanos le dicen: -Mi general.

Va alumbrando con su voz la oscuridad
y hasta las piedras saben adonde va.
Con libertad, ni ofendo ni temo.
¡Qué don José!
Oriental en la vida y en la muerte también.

Ven a los indios formar el escuadrón
y aprontar los morenos el corazón.
Y de fogón en fogón se oye la voz:
-Si la patria me llama aquí estoy yo.

Con libertad, ni ofendo ni temo.
¡Qué don José!
Oriental en la vida y en la muerte también.

(Tomado de "Cancionero de LOS OLIMAREÑOS", selección de Rubén Lena, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, Marzo de 1984)

¿Sabes quién fue Rubén Lena?
Visita la página y conocerás detalles del Maestro "muy uruguayo, muy de nosotros".
Se destacó por su honda sensibilidad.
¿Qué verso o estrofa te conmueve más?
Intenta explicar por qué.

lunes, 1 de junio de 2015

se trabaja con una pagina-


https://www.mtholyoke.edu/courses/rdiaz/span209/El%20procer.pdf

el procer

EL PROCER-CRISTINA PERI ROSSI

Era un enorme caballo con un héroe encima. Los visitantes y los numerosos turistas solían detenerse a contemplarlos. La majestuosidad del caballo, su tamaño descomunal, la perfección de sus músculos, el gesto, la cerviz, todo era motivo de admiración en aquella bestia magnífica. Había sido construido por un escultor profesional subvencionado varias veces por el gobierno y que se había especializado en efemérides. El caballo era enorme y casi parecía respirar. Sus magníficas ancas suscitaban siempre el elogio. Los guías hacía reparar al público en la tensión de sus músculos, sus corvas, el cuello, las mandíbulas formidables. El héroe, entre tanto, empequeñecía.

-Estoy harto de estar aquí -le gritó por fin, una mañana. Miró hacia abajo, hacia el lomo del caballo que lo sostenía y se dio cuenta cuán mínimo, diminuto, insignificante había quedado él. Sobre el magnifico animal verde, él parecía una uva. El caballo no dio señales de oírlo: continuó en su gesto aparatoso, avanzando el codo y el remo, en posición de marcha. El escultor lo había tomado de un libro ilustrado que relataba las hazañas de Julio César; y desde que el caballo se enteró de cuál había sido su modelo trataba de estar en posición de marca el mayor tiempo posible.

-Schtttttttttt -llamó el prócer.

El caballo miró hacia arriba. Arqueó las cejas y elevó los ojos, un puntito negro, muy alto, muy por
encima de él parecía moverse. Se lo podía sacudir de encima a penas con uno de esos estremecimientos de piel con los cuales suelen espantarse las moscas y los demás insectos. Estaba ocupado en mantener el remo hacia delante, sin embargo, porque a las nueve de la mañana vendría una delegación nipona a depositar una ofrenda floral y tomar fotografías. Esto lo enorgullecía mucho. Ya había visto varias ampliaciones, con él en primer plano, ancho, hermoso, la plataforma del monumento sobre el césped muy verde, la base rodeada de flores, flores naturales y flores artificiales regaladas por los oficiales, los marineros, los ministros, las actrices francesas, los boxeadores norteamericanos, los bailarines checoslovacos, el embajador pakistano, los pianistas rusos, la misión Por La Paz y La Amistad de los Pueblos, la Cruz Roja, Las Juventudes Neofascistas, el Mariscal del Aire y del Mar y el Núcleo de los Pieles Rojas Sobrevivientes.

Esta interrupción en el momento justo de adelantar el remo le cayó muy mal.

-Schtttt -insistió el héroe.

El caballo al fin se dio por aludido.

-¿Qué desea usted? -interrogó al caudillo con tono imperioso y algo insolente.

-Me gustaría bajar un rato y pasearme por ahí, si fuera posible -contestó con humildad el prócer.

-Haga lo que quiera. Pero le advierto -le reconvino el caballo- que a las nueve de la mañana vendrá la delegación nipona.

-Ya lo sé. Lo he visto en los diarios -dijo el caudillo-. Pero tantas ceremonias me tienen un poco harto.

El caballo se negó a considerar una respuesta tan poco protocolar.

-Es por los huesos, ¿sabe? -se excusó el héroe-. Me siento un poco duro. Y las fotografías, ya no sé qué gesto poner -continuó.

-La gloria es la gloria -filosofó baratamente el caballo. Estas frases tan sabias las había aprendido de los discursos oficiales. Año a años los diferentes gobernantes, presidentes, ministros, secretarios, se colocaban delante del monumento y pronunciaban sus discursos. Con el tiempo, el caballo se los aprendió de memoria, y además, casi todos eran iguales, de manera que eran fáciles de aprender hasta para un caballo.

-¿Cree que si me bajo un rato se notará? -preguntó el héroe.

La pregunta satisfacía la vanidad del caballo.

-De ninguna manera. Yo puedo ocupar el lugar de los dos. Además, en este país, nadie mira hacia arriba. Todo el mundo anda cabizbajo. Nadie notará la ausencia de un prócer; en todo caso, debe estar lleno de aspirantes a subirse en su lugar.
Alentado, el héroe descendió con disimulo y dejó al caballo solo. Ya en el suelo, lo primero que hizo fue mirar hacia arriba -cosa que nadie hacia en el país-, y observar el lugar al que durante tantos años lo habían relegado. Vio que el caballo era enorme, como el de Troya, pero no estaba seguro si tenía guerreros adentro o no. En todo caso, de una cosa estaba seguro: el caballo estaba rodeado de soldados. Estos, armados hasta los dientes, formaban dos o tres hileras alrededor del monumento, y él se preguntó qué cosa protegían. ¿Los pobres? ¿El derecho? ¿La sabiduría? Tantos años en el aire lo tenían un poco mareado: hasta llegó a pensar que lo habían colocado tan lejos del suelo para que no se diera cuenta de nada de lo que sucedía allí abajo. Quiso acercarse para interrogar a uno de los soldados (¿Cuál es su función? ¿A quién sirve? -le preguntaría) pero no bien avanzó unos metros en esa dirección, los hombres de la primera fila apuntaron todos hacia él y comprendió que lo acribillarían si daba un paso más. Desistió de su idea. Seguramente, con el tiempo, y antes de la noche, averiguaría por qué estaban allí los soldados, en la plaza pública, qué intereses defendían, al servicio de quién estaban. Por un instante tuvo nostalgia de su regimientos, integrado voluntariamente por civiles que se plegaron a su ideas y avanzaban con él, peleando hasta con las uñas. En una esquina compró un diario pero su lectura le dio asco. El pensaba que la policía estaba para ayudar a cruzar la calle a los ancianos, pero bien se veía en la foto que traía el diario a un policía apaleando a un estudiante. El estudiante esgrimía un cartel con una de las frases que él había pronunciado una vez, pero algo había pasado con su frase, que ahora no gustaba: durante años la había oído repetir como un sonsonete en todas las ceremonias oficiales que tenían lugar frente a su monumento, pero ahora ser veía que había caído en desuso, en sospecha o algo así. A lo mejor era que pensaban que en realidad él no la había pronunciado, que era falsa, que la había inventado otro y no él. "Fui yo, fui yo, la dije, la repito" tuvo ganas de gritar, pero quién lo iba a oír, mejor no la decía, era seguro que si se ponía a gritar eso en medio de la calle terminaba en la cárcel, como el pobre muchacho de la fotografía. ¿Y qué hacía su retrato, su propio retrato estampado en la puerta de ese ministerio? Eso no estaba dispuesto a permitirlo. Un ministerio acusado de tantas cosas y su retrato, el único legítimo, el único que le hacía justicia colocado en la puerta... Esta vez los políticos habían colmado la medida. Estaba dispuesto a que su retrato encabezara las hojas de cuaderno, las tapas de los libros, mejor aún le parecía que apareciera en las casas de los pobres, de los humildes, pero en ese ministerio, no. ¿Ante quién podrían protestar? Ahí estaba la dificultad. Era seguro que tendría que presentar la reclamación en papel sellado, con timbres de biblioteca en una de esas enormes y atiborradas oficinas. Luego de algunos años es posible que algún jerarca se ocupara del caso, si él le prometía algún ascenso, pero bien se sabía que él no estaba en condiciones de ofrecer nada a nadie, ni nunca lo había estado en su vida. Dio unos pasos por la calle y se sentó en el cordón de la vereda, desconsolado. Desde arriba, nunca había vista la cantidad de pobres y mendigos que ahora podía encontrar en la calle. ¿Qué había sucedido en todos estos años? ¿Cómo se había llegado a esto? Algo andaba muy mal, pero desde arriba no se veía bien. Por eso es que lo habían subido allí. Para que no se diera cuenta de nada, ni se enterara de cómo eran las cosas, y pudieran seguir pronunciando su nombre en los discursos en vano, ante la complacencia versallesca de los hipócritas extranjeros en turno.
Caminó unas cuantas cuadras y a lo largo de todas ellas se encontró con varios tanques y vehículos del ejército que patrullaban la ciudad. Esto lo alarmó muchísimo. ¿Es que estaría su país -su propio país, el que había contribuido a forjar- a punto de ser invadido? La idea lo excitó. Sin embargo, se dio cuenta de su error: había leído prolijamente el diario de la mañana y no se hablaba de eso en ninguna parte. Todos los países -por lo menos aquellos de los que se sabía algo- mantenían buenas relaciones con el suyo, claro que uno explotaba a casi todos los demás, pero esto parecía ser natural y aceptado sin inconvenientes por los otros gobiernos, los gobiernos de los países explotados.

Desconcertado, se sentó en un banco de otra plaza. No le gustaban los tanques, no le gustaba pasearse por la ciudad -una vez que se había animado a descender del monumento- y hallarla así, contantemente vigilada, maniatada, oprimida. ¿Dónde estaba la gente, su gente? ¿Es que no habría tenido descendientes?

Al poco tiempo, un muchacho se sentó a su lado. Decidió interrogarlo, le gustaba la gente joven, estaba seguro que ellos sí podrían responder todas esas preguntas que quería hacer desde que había dejado, descendido de aquel monstruoso caballo.

-¿Para qué están todos esos tanques entre nosotros, joven? -le preguntó al muchacho.

El joven era amable y se veía que había sido recientemente rapado.

-Vigilan el orden -contestó el muchacho.

-¿Qué orden? -interrogó el prócer.

-El orden oficial -contestó rápidamente el otro.

-No entiendo bien, discúlpame -el caudillo se sentía un poco avergonzado de su ignorancia- ¿por qué hay que mantener ese orden con los tanques?

-De lo contrario, señor, sería difícilmente aceptado -respondió el muchacho con suma amabilidad.

-¿Y por qué no sería aceptado? -el héroe se sintió protagonista de una pieza absurda de Ionesco. En las vacaciones había tenido tiempo de leer a ese autor. Fue en el verano, cuando el gobierno trasladaba sus oficinas y sus ministros hacia el este, y por suerte, a nadie se le ocurría venir a decir discursos delante del monumento. El había aprovechado el tiempo para leer un poco. Los libros que todavía no habían sido decomisados, que eran muy pocos. La mayoría ya habían sido o estaban a punto de ser censurados.

-Porque es un orden injusto -respondió el joven.

El héroe se sintió confundido.

-Y si es injusto, ¿no sería mejor cambiarlo? Digo, revisarlo un poco, para que dejara de serlo.

-Ja -el joven se había burlado por primera vez-. Usted debe estar loco o vivir en alguna isla feliz.

-Hace un tiempo me fui de la patria y recién he regresado, discúlpeme -se turbó el héroe.

-La injusticia siempre favorece a algunos, eso es -explicó el joven.

El prócer había comprendido para qué estaban los tanques. Decidió cambiar de tema.

-¿A qué se dedica usted? -le preguntó al muchacho.

-A nada -fue la respuesta tajante del joven.

-¿Cómo a nada? -el héroe volvió a sorprenderse.

-Antes estudiaba -accedió a explicarle-, pero ahora el gobierno ha decidido clausurar indefinidamente los cursos en los colegios, los liceos y las universidades. Sospecha que la educación se opone al orden, por lo cual, nos ha eximido de ella. Por otra parte, para ingresar a la administración sólo será necesario aprobar examen de integración al régimen. Así se proveerán los puestos públicos; en cuanto a los privados, no hay problemas: jamás emplearán a nadie que no sea de comprobada solidaridad al sistema.

-¿Qué harán los otros? -preguntó alarmado el héroe.

-Huirán del país o serán reducidos por el hambre. Hasta ahora este último recurso ha sido de gran utilidad, tan fuerte, quizás, y tan poderoso, como los verdaderos tanques.

El caudillo deseó ayudar al joven; pensó en escribir una recomendación para él, a los efectos de obtenerle algún empleo, pero no lo hizo porque, a esa altura, no estaba muy seguro de que una tarjeta con su nombre no enviara directamente al joven a la cárcel.

-Ya he estado allí -le dijo el joven, que leyó la palabra cárcel en el pensamiento de ese hombre maduro envuelto en su patria-. Por eso me han cortado el pelo -añadió.

-No le entiendo bien. ¿Qué tiene que ver el pelo con la cárcel?

-El cabello largo se opone al régimen, por lo menos eso es lo que piensa el gobierno.

-Toda mi vida usé el cabello largo -protestó el héroe.

-Serían otras épocas -concluyó seriamente el joven.

Continuamos aprendiendo