miércoles, 17 de octubre de 2018

El árbol de manzanas


Lecturas ejemplares

Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo (Contribución de Andrés Bernal, Lima)
Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza:
- ¿Vienes a jugar conmigo?

Pero el muchacho contestó:
- Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.

- Lo siento -dijo el árbol-. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.

El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó:
- ¿Vienes a jugar conmigo?

- No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

- Lo siento -repuso el árbol-. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.

El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado.
- ¿Vienes a jugar conmigo? -le preguntó.

- Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?

El árbol contestó:
- Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.

El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:

- Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.

El hombre replicó:
- No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.

Entonces el árbol, llorando, le dijo:
- Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.

Y el hombre contestó:
- No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años...

- Bueno -dijo el árbol-, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.

Esta es la historia de cada uno de nosotros: el árbol son nuestros padres. De niños, los amamos y jugamos con ellos. Cuando crecemos los dejamos solos; regresamos a ellos cuando los necesitamos, o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Usted puede pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a nuestros padres.

EL ÁRBOL DE MANZANAS

lunes, 15 de octubre de 2018

alimentación saludable.

La salud y buen funcionamiento de nuestro organismo, depende de la nutrición y alimentación que tengamos durante la vida.
Alimentación y Nutrición aun cuando parecieran significar lo mismo, son conceptos diferentes.
La Alimentación nos permite tomar del medio que nos rodea, los alimentos de la dieta (de la boca para fuera) y La Nutrición es el conjunto de procesos que permiten que nuestro organismo utilice los nutrientes que contienen los alimentos para realizar sus funciones (de la boca para adentro).
Los alimentos son todos los productos naturales o industrializados que consumimos para cubrir una necesidad fisiológica (hambre).
Los nutrientes son sustancias que se encuentran dentro de los alimentos y que el cuerpo necesita para realizar diferentes funciones y mantener la salud. Existen cinco tipos de nutrientes llamados: Proteínas o Prótidos, Grasas o Lípidos, Carbohidratos o Glúcidos, Vitaminas y Minerales.
LOS NUTRIENTES:
  • Proteínas
    Son los ladrillos necesarios para crecer y reparar daños en el cuerpo.
    Se encuentran en las carnes (de res, aves, de cacería), pescado, mariscos, crustáceos, huevos, leche, quesos, embutidos (mortadela, salchichas, salchichón), granos como las caraotas, frijoles, arvejas, lentejas.
  • Carbohidratos
    Nos dan energía y calor para movernos y desarrollar todas las actividades diarias. Son de origen vegetal.
    Se encuentran en los cereales: maíz, trigo, arroz, sorgo y sus productos (harinas, pastas) tubérculos o verduras: papa, ñame, apio, yuca, ocumo, ocumo chino, mapuey, batata; plátano; azúcar (blanca o morena), miel y papelón, granos como las caraotas de todos los colores, arvejas, lentejas, garbanzos, frijoles, quinchonchos.
  • Grasas
    Son la fuente más concentrada de energía para nuestro cuerpo y cerebro. Participan en diferentes funciones específicas y forman parte de los tejidos del cuerpo y de algunas vitaminas y hormonas. Son fuente de calorías para los niños, pero los adultos deben consumirla con moderación.
    Se encuentran en las carnes rojas, piel del pollo, leche, mantequilla y queso, aceites vegetales (de girasol, maíz, ajonjolí, algodón), margarina, aguacate, aceitunas, algunas semillas como el maní, merey, pistacho, almendras, nuez.
  • Vitaminas
    Ellas son las vitaminas A, D, E, K, C, complejo B y el ácido Fólico.
    Cumplen funciones esenciales para el organismo. Ayudan en el proceso de transformación de energía y favorecen el sistema de defensa del cuerpo contra las enfermedades.
    Se encuentran en casi todos los alimentos en especial en las frutas, hortalizas y alimentos de origen animal.
  • Minerales
    Entre los principales minerales se encuentran: calcio, hierro, yodo y el zinc.
    Ellos participan en diversas funciones específicas y forman parte de los tejidos del cuerpo (Ej.: el calcio forma y mantiene los huesos y dientes; el hierro forma parte de la sangre). Los minerales intervienen en el crecimiento, reproducción del ser humano, la función muscular, entre otros.
    Se encuentran principalmente en los alimentos de origen animal.
  • Fibra
    La fibra ayuda a expulsar las heces con facilidad, previene el cáncer de colon y reduce el colesterol en la sangre.
    Se encuentra en los alimentos de origen vegetal como hortalizas (zanahoria, tomates, lechugas, pepino), frutas (melón, patilla, naranja, manzana), granos (caraotas, arvejas, lentejas, frijoles), verduras (yuca, apio, nañe, batata) y cereales integrales.¿CÓMO SE CLASIFICAN LOS ALIMENTOS?
    Los alimentos se clasifican en tres grandes grupos básicos, según la función que cumplen los nutrientes que contienen:
    GrupoAlimentos que lo conforman
    Alimentos plásticos o reparadoresContienen en mayor cantidad proteínasLa leche, carnes (de res, aves, cacería), huevos, pescado, embutidos, queso, yogurt.
    Alimentos reguladoresContienen en mayor cantidad vitaminas y minerales.Las frutas (melón, patilla, naranja, manzana) y las hortalizas (lechuga, zanahoria, repollo, tomate).
    Alimentos energéticosContienen en mayor cantidad carbohidratos y grasas.Los cereales (maíz, arroz, trigo, sorgo), granos (caraotas, frijoles, lentejas), tubérculos (también llamadas verduras como ocumo, papa, yuca), plátano, aceites, margarina, mantequilla, mayonesa.

Día mundial de la Alimentación. 16 de octubre

Hace solo tres años, en setiembre de 2015, todos los estados miembros de las Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Los líderes de todo el mundo consideraron la erradicación del hambre y todas las formas de malnutrición (el objetivo número 2) como fundamental de la Agenda y condición sine qua non para un mundo más seguro, justo y pacífico.
Paradójicamente, el hambre no ha parado de crecer desde entonces. Según las últimas estimaciones, el número de personas subalimentadas aumentó en 2017 por tercer año consecutivo. El año pasado, 821 millones de personas sufrieron hambre (11% de la población mundial, una de cada nueve personas en el planeta), en su mayor parte agricultores familiares y de subsistencia que viven en zonas rurales pobres en el África subsahariana y en el Sudeste Asiático.
Sin embargo, el creciente nivel de subalimentación en el mundo no es el único reto al que nos enfrentamos. También van en aumento otras formas de malnutrición. En 2017, al menos 1.500 millones de personas sufrieron deficiencias de micronutrientes que socavan su salud y sus vidas. Al mismo tiempo, la proporción de obesidad entre adultos sigue aumentando: pasó de 11,7% en 2012 a 13,3% en 2016 (672 millones de personas).
El hambre se circunscribe principalmente a áreas específicas, sobre todo aquellas azotadas por conflictos, sequías y extrema pobreza; pero la obesidad está en todas partes y sigue creciendo en todo el mundo. De hecho, estamos asistiendo a su globalización. Un ejemplo: las tasas de obesidad están aumentando más rápidamente en África que en ninguna otra región –ocho de los 20 países con tasas de crecimiento más rápido están en ese continente–. Además, en 2017 el sobrepeso infantil afectaba a 38 millones de niños menores de cinco años. 46% de estos niños viven en Asia y 25% en África.
Si no tomamos medidas urgentes para parar el aumento de la obesidad, pronto podría haber más gente obesa que malnutrida en el mundo. El crecimiento de la obesidad está teniendo un coste socioeconómico enorme. Es un factor de riesgo para muchas enfermedades no transmisibles, como las afecciones del corazón, los infartos, la diabetes y ciertos tipos de cáncer. Las estimaciones indican que el impacto global de la obesidad se sitúa en alrededor de dos billones anuales (2,8% del Producto Interno Bruto mundial). Combinados, es un coste igual al del impacto del tabaco y los conflictos armados.
Este año, el día Mundial de la Alimentación (que se celebra cada 16 de octubre) pretende recordar a la comunidad internacional su compromiso político de erradicar todas las formas de malnutrición. Alcanzar el hambre cero en el mundo para 2030 (en 12 años) aún es posible.
Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el hambre en Brasil se redujo de 10,6% de la población total (unos 19 millones de personas) al inicio de los 2000 a menos de 2,5% en el trienio 2008-2010, que es el valor mínimo por el cual la FAO puede hacer inferencias estadísticas fiables. Esta reducción en el número de gente subalimentada fue posible principalmente gracias al firme compromiso del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva y a la puesta en marcha de políticas públicas y programas de protección social que atajaron la extrema pobreza y el impacto de las sequías prolongadas en la parte noreste del país.
De hecho, los gobiernos tienen el papel más importante en el logro del hambre cero, al poder asegurar que la gente más vulnerable tenga suficientes ingresos para comprar los alimentos que necesitan o los medios para producirlos por sí mismos, incluso en tiempos de conflicto.
Sin embargo, los líderes mundiales deben tener en cuenta que el concepto “hambre cero” es más amplio y no se limita a la lucha contra la subalimentación. También pretende garantizar que todo el mundo tenga los nutrientes necesarios para llevar una vida sana. El hambre cero incluye la erradicación de todas las formas de malnutrición, así que no se trata sólo de alimentar a la gente, sino también de que se nutra bien.
Los sistemas alimentarios actuales han aumentado la disponibilidad y el acceso a alimentos procesados muy calóricos, energéticamente densos, altos en grasas, azúcar y sal. Deben ser transformados de modo que todo el mundo pueda consumir alimentos sanos y nutritivos. Tenemos que abordar la obesidad como un asunto público, no como un problema individual. Esto requiere adoptar un enfoque multisectorial que involucre no sólo a los gobiernos, sino también a los organismos internacionales, la sociedad civil, el sector privado y los ciudadanos en general.
Las dietas saludables deben ser fruto de un esfuerzo colectivo que incluya, por ejemplo, la creación de normas (como el etiquetado y la prohibición de algunos ingredientes dañinos), la introducción de la nutrición en los programas escolares, la adopción de métodos para reducir las pérdidas y los desperdicios de alimentos, y el establecimiento de acuerdos comerciales que no impidan el acceso a comida fresca, nutritiva y cultivada localmente por agricultores familiares.
El lema del Día Mundial de la Alimentación 2018 es “Nuestras acciones son nuestro futuro”. Es hora de renovar nuestro compromiso y, aun más importante, el apoyo político para lograr un mundo sostenible libre de hambre y de todas las formas de malnutrición.
José Graziano da Silva es Director General de la FAO.

Continuamos aprendiendo